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Identidad digital: el paso a una sociedad de datos



Identidad digital: el paso a una sociedad de datos

El control de “bigdata” ofrece un poder nunca antes experimentado, o no al menos a las escalas globales de hoy en día. La era digital está en pleno apogeo y no hay modo alguno en que los seres urbanos nos comprendamos ya sin la experiencia de lo digital.

El dedo, digitus, es el artífice de todo. Sin él, nada, con él, todo; salvo el digitus, todo es ilusión, etcétera.

Los objetos sociales de naturaleza digital están y son, nos inundan, para bien o para mal, están ahí. Para mal: dolor de cuello y espalda, terrible, fatiga ocular, insomnio, eso es de lo peor, ¿no?, bien, además una ansiedad de querer ver el celular solo por el hecho de querer estar conectado. ¿Con qué? Vamos, no soy un antitecnología digital, todo lo contrario; entiendo que hay mucho de autorrealización en el mundo digital, pero no se pueden negar los daños físicos, psicológicos y sociales que han traído consigo. Los beneficios varios. Si me estás leyendo desde tu esmarfon, sabrás a lo que me refiero.

La realidad virtual, ¡oh, oxímoron!, esa realidad virtual es una extensión de nuestra materialidad corpórea y física de nuestra realidad real. Somos reales en las redes sociales. Incluso si fingimos, somos nosotros quienes fingimos, no otro. Queramos o no, nuestra agencia en la virtualidad digital va modelando nuestra identidad. Sí, nuestra identidad tiene un lado virtual, digital.

Los grandes datos, pues, pueden ser usados para apoyar, brindar soporte, a esas identidades digitales. Incluso debe hacerlo, pues no pertenecer en ella, en la identidad digital, ya está siendo un grave problema de discriminación y de formación de ciudadanos de segunda y tercera “categoría”.

Cerrar la brecha digital no es broma. Con la implementación total de la red dorsal, se podrá tener internet en casi todo el territorio peruano habitado.

La identidad digital da poder. Se podría tener el DNI, pasaporte, brevete, seguridad social, banca y finanzas, redes sociales, en una identidad digital que sería ya la única, por la cual todo sería más sencillo en trámites. ¡Piensen en lo útil que sería tener un país digitalizado! No habría habido las colas fuera del Banco de la Nación para los bonos.

Exclusión digital es exclusión real, material. Lo virtual digital es tan material como el alma o la mente o el espíritu, estos son materiales en tanto un sistema emergente que hace las veces de extensión de nuestra corporeidad. Nada escapa a la materia.

Ayer caí en la cuenta de mi falta de orden en mi identidad digital. Además, la ID se vulnera día a día, con cada terruqueo, con cada cancelada, con cada funada, que más parecen tribunales de juicios sumarios al mismo estilo de Salem. Este furor en el Internet hace urgente tener una ID que se respete. Una ley general de la Identidad Digital.

Dejo, con su permiso, mi autocontribución por el bien de mi ID, mi página web: ricardomillatoro.com. [Entren, hay algunas sorpresas].

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