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La guerra sucia electoral está descontrolada




La guerra sucia electoral está descontrolada

El día de las elecciones se acerca y las guerras sucias se agudizan. Cada vez más hay más insultos, golpes bajos, difamaciones, comunicados, rupturas, fanatismos y similares. Esto se da, en primer término, entre los simpatizantes de cada candidato. Sus luchas se dan en redes sociales y pueden estar llenas de odio. Ya sea un fujitroll atacando a un verolover o un verolover insultando a un porkylover o un morado contra los fans de De Soto, y así.

La situación álgida entre los peruanos tiene explicaciones evolutivas y culturales. Como buenos seres gregarios que somos, que vivimos en grupos de 30 a 100 personas durante miles de miles de años, tenemos atravesado en el tálamo la protección absoluta del grupo contra otros grupos ajenos. Esto se ve claramente en las barras bravas o en los grupos terroristas, pero lo experimentamos cotidianamente cada vez que tomamos partido por un grupo cualquiera.

Así, siendo la política un terreno más que espinoso, nuestras alertas adaptativas se encienden y se pone en postura de guerra. El problema es que ahora no hay una muerte inmediata en juego, sino la constitución del mundo social y nacional desde posturas ideológicas. Algunos padecen esa falsa conciencia de no saber por qué tienen la ideología que tienen, por lo que vuelve más sordo y ciego el apoyo partidario.

Lo cierto es que una sola persona, un solo grupo, no puede cambiar un país tan complejo y golpeado como el Perú, con una historia de dominación de hace siglos que aún perdura en un neocolonialismo racista. Creer que una sola persona es la indicada es, no solo ingenuo y fanático, sino descabellado.

A estas luchas electorales se suman los medios de comunicación. La televisión nacional ha postergado la transmisión del documental peruano “La revolución y la tierra” por miedo a que influya a los votantes hacia la izquierda. No solo asumen que los peruanos son unos manipulables, sino que van contra la idea liberal básica de “si no te gusta, cambia de canal”. Además, al no haber regulación sobre los medios y los candidatos, varios promocionan al que más les gusta. El Grupo El Comercio por medio de Canal N y América atacan a diarios, como El Bono, por priorizar a algunos candidatos sobre otros, cuando estos canales lo hacen sin descaro con sus candidatos neoliberales derechistas.

Mientras cuidan con guantes de seda a los derechistas, atacan a la izquierda hablando de Venezuela, de inflación, de terrorismo, de poca preparación, etcétera. Tanto Verónika Mendoza como Pedro Castillo, como candidatos de izquierda, han sufrido la guerra sucia de los medios. Por ello, los izquierdistas harían bien en abstenerse de peleas inútiles y concentrarse en concentrar el voto de quienes quieren un cambio radical.

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