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La violencia burguesa y el triunfo en Chile


La violencia burguesa y el triunfo en Chile

por Ricardo Milla Toro

Hemos sido testigos del triunfo histórico del pueblo chileno el día domingo. La gran mayoría le dicho no a la Constitución del dictador Pinochet y aprueba un proceso constituyente.

Chile se encamina a una reformulación de su propia sociedad en términos normativos, en la mayor de todas las leyes. Así, vemos la decencia de la mayoría del país del sur y la resistencia ante la derecha, tanto conservadora como liberal.

Este suceso debe ser aliciente para Perú. Todos los peruanos debemos de impulsar un proceso constituyente. Pero este proceso no será uno meramente legal, como arguyen liberales de izquierda, como si el voto fuera la gran herramienta para los cambios. Lo que no quieren aceptar estos liberales es que la historia para cambiar no pide permiso. Sin las protestas y la violencia que se desató desde el gobierno fueron el caldo de cultivo para el cambio de Constitución.

Digámoslo claramente: Los cambios radicales implican violencia. No porque se tenga que protestar violentamente, sino porque quienes defienden el estado actual de las cosas no permitirán sin más el cambio. Muertos y heridos hubo el año pasado en Chile y con esa sangre se sella una victoria para el pueblo. Lamentablemente, la sangre está presente en momentos como este, pues la burguesía usa todo el monopolio de la violencia que tiene contra el pueblo.

Así, los cambios constituyentes de la sociedad se hacen luchando. Quisiéramos que no haya violencia, pero, así como San Martín y Bolívar no pidieron por favor a los españoles para lograr la independencia, del mismo el pueblo actual de Latinoamérica no puede caer en el quietismo sino asumir la violencia con la que será recibido por las fuerzas reaccionarias. Entonces, sin una organización del pueblo, sin protestar, sin lucha, sin enfrentamiento contra las clases dominantes, no habrá cambio alguno. Las luchas de clases son reales, aunque los liberales nunca quieran reconocerlas. Ahí están y es imperativo organizarnos para no perder esas luchas.

Una nueva Constitución en Perú abriría un modo más actual de comprendernos, dejando este modelo neoliberal que solo ha mantenido macroeconómicamente a flote el país, pero no ha mejorado la calidad de vida de las grandes mayorías. Un proceso de cambio tiene que darse y este va más allá de ir a votar.

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